El resultado demuestra que:
- Dios odia a los ingleses y a los borrachos.
- Dios tiene planes para Robert Kubica. No sabemos cuáles, pero está claro que los tiene.
(Todo esto suponiendo que Dios exista, claro. Porque yo sospecho que se trata de una astuta estrategia de los Dioses Exteriores y de sus esbirros los Primigenios para hacernos creer que los que existen son los relativamente benévolos —en comparación— dioses que cada cultura ha ido inventando, para pillarnos desprevenidos y ¡zas! todos devorados).







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